
Y es que Enrique IV ha pasado a
la historia, y así lo refleja la serie, como un monarca débil, ambiguo, sin
carácter y sobre el que había grandes sospechas de un extraño, por decirlo de
alguna forma, comportamiento personal. En toda la historia patria, pocos habrán
sido los monarcas tan vilipendiados como este, ensañamiento tal en el que se
incluye la grave ¿o interesada? acusación de que su única hija, Juana no lo fue
realmente suya.
Manuel González Herrero nos va
a aportar una visión algo diferente. Su teoría es desde
luego bien distinta a la tradicionalmente aceptada. Y es que para el abogado la
imagen que ha llegado hasta nuestros días del cuarto Enrique ha sido la que
interesadamente se han encargado de construir aquellos que estaban detrás del
partido isabelino. Desde los cronistas que escribirían casi a sueldo, entre
ellos el famoso Alonso de Palencia, a la propia corona aragonesa interesada
según el autor en su alianza con Castilla, pasando obviamente por la propia
Infanta, luego reina Isabel y por supuesto los nobles que sabían serían
recompensados por su tarea. Buen ejemplo de esta última idea la tenemos en la
figura del converso Cabrera, marido de la amiga y dama de compañía de la futura
reina Isabel, Beatriz de Bobadilla, el
cual, según el autor, y a diferencia de lo que se refleja en la serie
televisiva, engañó la confianza del rey Enrique.
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