miércoles, 18 de febrero de 2015

Los orígenes orientales de Occidente. John M. Hobson



        Orientalistas y occidentalistas, capitalistas y anticapitalistas, imperialistas y antimperialistas, Madrid y Barcelona, Messi y Ronaldo. Este ensayo histórico que pretende hablarnos, como obviamente indica su título, de las influencias de Oriente en nuestro Occidente finalmente, no me pregunten por que, tiene ese tufillo a estas conmigo o contra mí, blanco o negro.

          Si este maniqueísmo, dualismo, utilizamos estas palabras como homenaje al lenguaje rebuscado del autor, es el principal defecto de este libro, uno de los que menos me ha gustado de los que he leído últimamente. Lo que aparentemente iba a ser contarnos algunas cosas que no conocíamos y que nos hablaba de la influencia de Oriente en Europa, aceptamos África como Oriente,  se convierte en un mitin político-teórico sobre las bondades orientales y los demonios occidentales. Oriente es/era lo mejor del mundo mundial y Occidente un copión. Y como siendo tan buenos, cultos y desarrollados unos y atrasados y gañanes los otros son estos últimos, los europeos, Occidente lo que parecen imponer su modelo finalmente, pues claro, por la suerte. Así en plan Mourinho, el árbitro, la federación o la suerte están detrás de mis derrotas.

            Con esto no quiero decir que no haya cosas interesantes en este libro, ni que lo que nos cuenta no sea cierto ni mucho menos. Lo irritante es que después de haberlo leído tengo la sensación de no haber aprendido mucho. Al fin y al cabo el repaso al pasado de Oriente y Occidente no tiene nada de novedoso (nos llega a contar que Colón pensaba que en vez de haber llegado a un continente nuevo había llegado a las indias? -¿Pero este hombre escribe para preescolares?)-. Luego el lenguaje que utiliza, teórico, rebuscado, para rematarlo contándonos, creo que me estoy repitiendo,  que el triunfo (por decirlo de alguna manera, no me convence la palabra) de modelo de Occidente, se debe a la suerte… en fin. Seguro que otros autores pueden mantener las mismas teorías que el autor pero sin que se insulte la inteligencia del lector.

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