
En Atienza vamos a
conocer a la familia de nuestro protagonista Pepe Fajardo, y a otros personajes
de nuestro interés. Como el erudito Miedes y, esto es lo más importante
para las siguientes entregas, a la celtíbera familia de los Ansúrez con
la inigualable Lucila en sus filas. Pero llega el invierno y ya es hora de
refugiarse de nuevo en Madrid, donde asistiremos a la espectacular ascensión en
la escalera social de nuestro protagonista. Se confirma que el matrimonio con María
Ignacia fue todo un acierto para hacerse un hueco en el mundo del medro político
(también desde el punto de vista personal). Así, sin comerlo ni beberlo,
tenemos a Pepe convertido en representante político de las provincias vascas e
incluso vamos a poder conocer a Narváez, como ya nos avisaba el título, del que
Galdós realiza un fantástico retrato con visos de gran verosimilitud y que,
fiel a su estilo narrador, nos lo presenta desde diferentes ángulos: Tenemos al
político con garra, al hombre fiero y cercano, pero también al militar de oscuro
pasado. Por cierto, con Narváez cambia el nombre de nuestro protagonista. Se
queda el hombre en “Pollo”.
Y a la novelita no le queda
si no discurrir como lo hace un río (me viene a la mente un comentario que
escuché a Leopoldo María Panero recientemente fallecido en el que decía que no le gustaba mucho El Quijote por tratarse de una novela “río” (buena expresión
esta). Volvamos al Episodio: A lo largo de sus páginas van transcurriendo los
avatares políticos que se repiten en buena parte del siglo, con el desfile de moderados, progresistas, demócratas y
carlistas y también vamos a asistir a los sutiles movimientos políticos que se
elaboran en la sombra y que tiene a mujeres de “copete” y a religiosos y
religiosas como principales protagonistas. En definitiva una España en la que
una parte muy pequeña de la sociedad movía los hilos del resto. Al menos en
esto algo hemos avanzado. ¿O no?.
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