
Pero claro con los años uno evoluciona y un montón de tiempo después, si que soy aficionado a la lectura. Y después de muchos años lectores he descubierto que los clásicos son normalmente una apuesta segura. Y en el caso de Dickens, y más concretamente, de esta novela, lo he confirmado.
Historia de dos ciudades, todo un culebrón de tintes folletinescos, nos cuenta los avatares de un grupo reducido de personajes, (de unos sabemos mucho, de otros algo, y de otros nada, ahí está la gracia de la novela) en el contexto de la Revolución Francesa. De todo el grupo de personajes personalmente me hace mucha gracia Lorry el “directivo” del banco Tellson, ahora que los bancos, y con razón, están en el punto de mira por la crisis. Desde luego las "entidades financieras" de aquellos años serían muy diferentes de los actuales empezando por su tamaño, pero además los valores de Lorry no parecen los de los banqueros de hoy en día.
No voy a desvelar nada de la trama, ¿pa qué?, pero si
resaltar que me ha parecido una novela muy interesante, donde pasan cosas, y aunque tal vez superficialmente, se muestran valores universales del ser humano como, y valga la redundancia, el valor, la generosidad, el compromiso o la amistad, amén, del inevitable amor (ya hablamos
de que algo de folletín, a gusto de la época hay).
Escrito por entregas, publicadas en la prensa de su tiempo (esta
forma de publicar una novela era muy típica por aquellos años, y sin ir más
lejos en España también sucedía) el libro tiene un componente histórico, aunque me da la sensación de que muy superficial. No estamos ante la exactitud y
meticulosidad, ni mucho menos, de los Episodios Nacionales de Galdós, pero creo
que si se recrea el ambiente de los años más duros y sangrientos de
la Revolución Francesa.
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